miércoles, 1 de agosto de 2012

Planchas, enaguas y billetes de banco

Hoy hablaremos de Mary Peck Butterworth, una mujer que figura con letras de oro en cualquier lista de los mejores falsificadores de todos los tiempos. Y, como luego veremos, con la técnica de impresión mas original jamas empleada. Pero antes de empezar hay una curiosidad sobre esta historia o, mejor dicho, sobre la manera de contarla que me ha llamado poderosamente la atención. Podríamos decir que esta anécdota tiene dos versiones, la "versión anglosajona" y la "versión española". Es decir, todas las fuentes en ingles cuentan una historia, y todas las fuentes en español cuenta otra, bien es cierto que el fondo de la historia es el mismo, pero los condicionantes que la rodean cambian bastante. Yo me fiare de las fuentes americanas (en teoría mas cercanas a la historia) aunque apuntare en cursiva las aportaciones de la "versión española".

Para ilustrar el tema pondremos una foto de la "imprenta" de Mary Peck:

plancha+enagua+Butterworth+falsificadora+billetes"

A principios del siglo XVIII Mary Peck Butterworth vivía en Rehobeth, en Nueva Inglaterra. Era hija de una de las familias fundadoras de la ciudad y en 1710 se casó con John Butterworth,un importante constructor conocido en toda la colonia. Mary Peck era una pobre ama de casa de Rehobeth que se caso con Jhon, un humilde grajero. En 1714, cuando comenzó su carrera como falsificadora, tenían cinco hijos y su situación financiera era desahogada. Tenían siete hijos y la situación era desesperada, les habían embargado la granja y vivían al borde de la miseria. 

Pero en ese año la señora Butterworth iba a hacer un descubrimiento que cambiaría sus vidas. Aquí la versión anglosajona no menciona como descubre su método de impresión, sin embargo la versión española nos cuenta una bonita historia. Estaba Mary planchando sus pobres ropas cuando dejó la plancha sobre una camisa que tenia debajo un  papel de periódico. Por circunstancias dejó la plancha un largo rato y al volver a cogerla descubrió que las letras del periódico se habían impreso en la camisa, y no solo eso, después apoyo la plancha en un papel en blanco y vio que las letras se imprimían en él. Y la buena de Mary pensó "¿Que pasaría si hago esto mismo con uno de los nuevos billetes que circulan por estas colonias?" hizo varias pruebas y por fin dio con el método adecuado. 

Ponía una enagua muy almidonada sobre un billete, y sobre ella apoyaba la plancha muy caliente, al cabo de un rato levantaba la plancha y la posaba rápidamente sobre los trozos de papel en blanco, consiguiendo un impresión muy aceptable que luego era repasada a plumilla. Con la primera remesa de billetes en la mano efectuaron pequeñas compras en su ciudad, y vieron que eran aceptados sin problemas. Así comenzó una verdadera industria familiar de impresión de billetes falsos. Hasta siete tipos de billetes llegaron a falsificar durante siete años sin que los pillaran. Cuando el volumen empezó a ser considerable contrataron gente para que les "colocara" los billetes, vendiéndoles la "mercancía" a la mitad de su valor nominal. Tan grande fue el volumen de dinero falsificado que llegaron a crear problemas de inflación en toda la zona de Nueva Inglaterra.

Finalmente la construcción de una casa demasiado lujosa para sus posibilidades llamó la atención de las autoridades sobre los Butterworth. Tras arduas investigaciones consiguieron la confesión de un familiar que les explicó todo el proceso. Mary Peck fue detenida y su casa registrada, pero antes de que llegara la policía la falsificadora pudo comprobar una ventaja mas de su particular método de impresión. Arrojó las enaguas al fuego y en unos segundos todas las evidencias fueron destruidas. Fue llevada a juicio pero fue declarada inocente por falta de pruebas.

Después de esto vivió como una ciudadana honrada y tuvo dos hijos mas. Según los rumores de la época siguió falsificando billetes después de su absolución. Finalmente murió en 1775 con 89 años.

Y ahora os dejo que me parace que en un viejo arcón aun conservo unas enaguas de mi abuela, y en mi estantería tengo una antigua plancha de carbón que tengo que volver a poner en funcionamiento.

6 comentarios:

  1. Querido Miguel Ángel, ¡una magnífica entrada sobre una historia, en este caso, doblemente "trovada"! ¡También yo me apunto a recuperar la vetusta "lingerie" de mi abuela y a darle otro uso más "efectivo" que exhibirla en un museo!
    Esto de dar gato por liebre parece haber sido "moneda de cambio" ya en la antigua Roma; los frecuentes casos de falsificación, especialmente en el caso de la habitual presencia de monedas extranjeras, hizo necesario tener personas que probaran su autenticidad, la "probatio nummorum", los "argentarii", de los que hablé en mi entrada sobre los Arcos junto al Velabro en Roma. Por la naturaleza de su oficio eran los más cualificados para actuar como "probatores"; originariamente este papel pudo haber sido parte de las ocupaciones de funcionarios públicos, los "mensari" o "nummularii".
    Durante el periodo imperial los "argentarii" fueron los responsables de la monedas recién acuñadas.
    Gusta conocer estas historias tan interesantes y tan bien traídas, especialmente en estos momentos en que todos agradeceríamos tener a mano una máquina de hacer dinero.
    Mil bicos de los auténticos.

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    1. Jeje, seguro que cuando se pagaban salarios en sal ya habría quien era capaz de falsificar la sal a partir de arena.
      Mil besets

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    2. Pues con respecto a sal repartida entre la tropa, amigo mío, no pongo en duda la posibilidad de que en ocasiones se les intentase dar "gato por liebre" si se tiene en cuenta que cada soldado romano recibía al mes, según Polibio, unos 33 litros de trigo mediano, el equivalente a unos 24,750 kg, lo correspondiente a un kilo de pan diario y se les distribuía preferentemente en trigo para evitar las mermas y sisas, y porque se conservaba mejor que pan, y, además, cada cual se preparaba su harina para pan o gachas ("pultes"). Se les dispensaba, según el Códice Teodosiano, su ración diaria de sal, aceite y vino, ya que durante mucho tiempo se les prohibió beber otra cosa que "posca", agua con vinagre, y sólo durante el imperio les fue tolerado el vino. Supongo que ese reparto diario tendría mucho que ver con el intento de evitar esas rebajas fraudulentas en el peso o la medida.
      Y también es sabido que el desayuno, el "prandium", repartido por la mañana a los soldados y consistente en alimentos fríos, fiambre y queso seguramente, se realizaba bajo la atenta mirada de un tribuno militar cuya misión consistía precisamente en asegurarse de que la comida que recibían los legionarios era de suficiente calidad; no era nada infrecuente que los proveedores, valiéndose de sobornos, intentasen pasar víveres de mala calidad y esto debía ser evitado por la vigilancia del tribuno.
      Como ves, aquí podríamos poner nuestro "Nihil novum..." sin dudarlo.
      Perdona por la extensa respuesta y mil bicos "sine fraude".

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  2. Veo que llevas un tiempo sin nuevas entradas, creo que esto se esta volviendo contagioso :P.
    Por cierto, gran entrada, y espero que regreses pronto.
    Saludos.
    Uriel

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  3. No se de dónde sacas estos temas tan "rebuscados", pero me gustan. Más de uno probaría esta o cualquier otra forma con tal de hacer más llevadera esta situación económica, sobre todo con la subida del IVA...

    Y sobre lo que comenta Uriel, yo estoy en las mismas, no le dedico todo el tiempo que puedo a la bitácora, pero aunque menos a menudo hay que seguir actualizando (para una afición sana que tengo...).

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  4. Viriato y Uriel, os respondo al unisono.
    Efectivamente este mes de canícula no ha sido muy productivo para mi bitácora y tengo que confesar que la escasez de tiempo no ha sido el problema, mas bien la escasez de ideas. Pero prometo regresar con mas fuerza después de este "indeseado" descanso.
    Muchas gracias a los dos por vuestros comentarios y por preocuparos por mi silencio

    Saludos

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